Introducción al número: Hacer de la lucha una escuela

El presente número de la Revista de la Universidad de los Pobres -del otoño del 2021- trata de “hacer de la lucha una escuela”.

En el sentido más básico, esto significa aprender de las victorias y las derrotas de nuestro trabajo organizativo para ser más eficaces. Tenemos que hacer evaluaciones honestas de lo que hemos ganado y por qué hemos perdido, como ha hecho Sarah Weintraub. No podemos satisfacernos con el estilo de autojustificación que requieren las fundaciones que haga el sector ONG. Nos precisa un intelectualismo de la clase trabajadora que demande que se escuchen nuestras preguntas y que proponga soluciones sólidas, como plantean Karim Sariahmed y Ellen Schwartz (en inglés). 

Además, hacer de la lucha una escuela significa reflexionar sobre nuestra propia historia, como han hecho Leonardo Vilchis, Kenia Alcocer y Elizabeth Blaney en su ensayo sobre los 25 años de lucha de la Unión de Vecinos en Los Angeles, California. Significa estudiar las victorias y derrotas de la gente pobre y desposeída a través de la historia, además de estudiar sus enemigos y aprender la teoría derivada de aquellas experiencias de lucha.

Esto no es automático. Hacer de la lucha una escuela tiene que ser una práctica activa y consciente, porque el tipo de reflexión y estudio requerido de las personas revolucionarias son contrarias a la forma en que nos han socializado. Muchas veces cuando vemos una injusticia, la primera reacción es “¡Hay que hacer algo!” El personaje de John Candy de la película Canadian Bacon del 1995 representa esta tendencia cuando dice: “Hay momentos para pensar, y hay momentos para la acción. Y este, señores, ¡es el momento para no pensar!”

La filosofía del pragmatismo ha sido tan interiorizada en nuestra cultura, hasta en la forma en que pensamos sobre la transformación social, que nos ha dejado con la sensación que no hay tiempo para pensar. El pragmatismo fue una intervención ideológica particular de la clase dominante al final del siglo 19 en los Estados Unidos. Esta filosofía planteaba que “ser significa ser útil” y “los fines justifican los medios”. El objetivo explícito del pragmatismo era crear un marco filosófico en el cual la explotación capitalista fuera justificada. Socavando los principios de la interrogación científica, búsqueda de la verdad y la ética, los proponentes del pragmatismo promueven la eficiencia y la utilidad. Al fin y al cabo, el pragmatismo significa la eficiencia por el beneficio del capital, y la utilidad para la clase capitalista.

En su libro del 1954, Pragmatism: Philosophy of Imperialism, Harry K. Wells nota que el oportunismo amoral del abordaje pragmático sirve para justificar la violencia de los dueños del capital. Dice: 

“Este método es eminentemente adecuado para los requisitos ideológicos de una clase que de hecho emplea todo y cualquier medio que pueda servir para mantener y extender la explotación y la opresión: romper huelgas, destruir sindicatos, tildar de comunismo, ejercer la violencia y la brutalidad, criminalizar, introducir espias, sicarios y delatores al movimiento laboral, difundir doctrinas racistas y xenofóbicas de discriminación social, tribunales injustas, promover el linchamiento ‘legal’ e ‘ilegal’, además de las bombas atómicas, la guerra bacteriológica, el asesinato masivo y el genocidio. El método pragmático es perfectamente adaptado para justificar y defender las mentiras ideológicas y la fuerza asesina. El oportunismo refleja el carácter de la clase capitalista moribunda y desesperada. El conocimiento, la ciencia, los principios de la verdad y lo correcto e incorrecto, ya no les sirven a esta clase”.

Por nuestra cultura pragmática, se nos hace pensar que “la lucha” y “el aprendizaje” son cosas distintas. En nuestras organizaciones y campañas, tendemos a invertir pocos recursos en la educación política. Si llegamos a hacer educación política, muchas veces es reducida a educación a nivel de agitación y definiciones, tildando la teoría revolucionaria de inasequible, innecesaria o terreno de supuestos expertos. Las ONG reproducen “cajas de herramientas” o manuales que enfatizan una educación en destrezas particulares pero que obvian la educación basada en el pensamiento crítico. No se nos invita a priorizar el estudio individual o el estudio colectivo más allá de los talleres planificados. Cuando se llegan a hacer reflexiones sobre las experiencias de lucha, tienden a reducirse a intercambios de experiencias personales de los y las participantes desvinculados a la historia, las condiciones materiales y la coyuntura. En esta cultura, construir un movimiento unido de la gente pobre y desposeída se ve como un ideal en las nubes, en vez de un objetivo hacia el cual podemos planificar y trabajar. 

En sus más amplias dimensiones, hacer de la lucha una escuela es un ataque directo a la cultura pragmática, que es un eje de la ideología dominante. Nijmie Zakkiyyah Dzurinko, Phil Wider y Jae Hubay aclaran esto en sus reflexiones -en inglés- sobre los tres fundamentos interrelacionados de la organización Put People First! Pennsylvania: la lucha de clases, el salón de clases y la organización clasista. 

Para sus propios fines, la clase dominante sí estudia, discute, debate, evalúa y planifica, como vemos en el artículo de Bruce Edwards sobre el Council on Foreign Relations. Sin embargo, a nosotros nos venden el individualismo y la espontaneidad, nos dicen que basta con victorias simbólicas e insisten que lo que es mejor para ellos eventualmente llegará a beneficiarnos por “el goteo”. 

Tenemos que responder con rigor y creatividad para desvelar las narrativas desgastadas de la clase dominante. Estas dos publicaciones nuevas contribuirán a nuestra comprensión colectiva: We Cry Justice: Reading the Bible with the Poor People’s Campaign, editada por la Revda. Dra. Liz Theoharis, y Freedom Church of the Poor: Martin Luther King Jr.’s Poor People’s Campaign por la Dra. Colleen Wessel-McCoy. Son reseñadas en inglés por Adam Barnes y Savina Martin

Lanzamos este número de la Revista de la Universidad de los Pobres durante un periodo extendido de crisis y reorganización de la economía global y cambios en el balance de poder a nivel internacional. El periodo venidero nos traerá más cambios chocantes. Este momento nos encuentra haciendo una auto reflexión de las actividades de la Universidad de los Pobres, una organización emergente de personas revolucionarias vinculadas inseparablemente a las organizaciones de masas de la gente pobre. Proponemos que mientras se profundicen las contradicciones del capitalismo, la Revista de la Universidad de los Pobres puede ser una chispa para el diálogo colectivo y un lugar de evaluar y compartir aprendizajes de las luchas de ayer y hoy. Necesitamos la brújula de la ciencia para navegar los mares crecientes y tempestuosos que hay por delante.

Tim W. Shenk y Kevin Kang, por el Comité de Edición de la Universidad de los Pobres

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