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El colapso del sistema internacional basado en normas

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por Lenny Brody

El capitalismo mundial ha entrado en la crisis más grave de su historia. Cualquier crisis del capitalismo implica una mayor explotación y opresión de la clase trabajadora. Hoy en día, el proletariado mundial se enfrenta a una de las guerras más graves contra él en toda su historia.

El aparato estatal de EE. UU. es el principal líder político del capital global. En EE. UU., la clase trabajadora está librando una lucha de clases sin cuadros organizados; es decir, sin un partido comunista revolucionario. A nivel internacional, el Partido Comunista de China se encuentra en la difícil posición de intentar proporcionar el liderazgo internacional que pueda en circunstancias muy difíciles. 

Dada la situación económica y política actual, los revolucionarios deben desarrollar una comprensión profunda de las condiciones económicas globales. El reconocimiento de la gravedad de estos acontecimientos se puede observar en el nuevo informe del Grupo de Trabajo del Consejo de Relaciones Exteriores: U.S. Economic Security: Winning the Race for Tomorrow’s Technology. (Seguridad económica de EE. UU.: Ganar la carrera por la tecnología del mañana.)

Desde la Segunda Guerra Mundial, las democracias burguesas occidentales han funcionado bajo lo que han denominado un “orden internacional basado en normas”, centrado en una serie de instituciones que, en gran medida, están bajo el control y al servicio de los intereses del aparato estatal estadounidense y del capital global. El colapso del llamado “orden internacional basado en normas” es resultado de graves acontecimientos económicos desde el apogeo de la globalización de la década de 1990. El Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) considera este colapso como una cuestión fundamental y crítica de seguridad nacional. El informe señala: “Cada vez más, la economía y la seguridad nacional han convergido, o más bien chocado”. A la luz de este colapso, el informe se pregunta cómo, y en qué circunstancias, el gobierno debería intervenir en el mercado. 

Para comprender mejor esta crisis, resulta útil resumir las circunstancias que nos han llevado a este punto. Los últimos treinta años se han caracterizado tanto por rápidos avances tecnológicos como por el colapso de la Unión Soviética (1991) y otros países socialistas de Europa del Este (1989). A finales de la década de 1990, vivíamos en un mundo “unipolar” dominado por el aparato estatal capitalista de EE. UU. En 2001, China ingresó a la Organización Mundial del Comercio con la esperanza de que se convirtiera en una “democracia” plenamente capitalista. 

La economía de China se desarrolló rápidamente y se convirtió en un componente importante del sistema económico mundial. Sin embargo, desde la Revolución de 1949, China ha sido gobernada por la clase trabajadora, bajo una “dictadura del proletariado”. Debido a esto, su economía opera de manera relativamente independiente del control del capitalismo global. Cabe señalar que la decisión de China de mantener una dictadura del proletariado y, al mismo tiempo, ingresar al sistema económico global fue una táctica radicalmente diferente a la adoptada por la Unión Soviética en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial. En aquel momento, la economía soviética no formaba parte integrante de la estructura económica internacional y sus sistemas económicos se desarrollaban en paralelo al capitalismo internacional. China decidió integrarse en cierta medida en el sistema capitalista mundial en la década de 1990 y principios de la de 2000. 

La grave crisis financiera mundial de 2008 no fue simplemente una de las crisis capitalistas periódicas. Fue una crisis que puso de manifiesto una crisis estructural fundamental de la producción: el uso cada vez mayor de la tecnología en sustitución de la mano de obra. Los avances tecnológicos han ido empujando a un número creciente de trabajadores, en todo el mundo, incluidos los de Estados Unidos, hacia el sector “informal” de la economía. Esto ha estado reduciendo su nivel de vida y su capacidad para consumir los bienes que se producen. Se estima que alrededor del 60 por ciento de la clase trabajadora mundial se emplea en la economía informal (donde las personas trabajan como jornaleros, en la economía ilegal o en la llamada “economía gig”). 

Es de vital importancia comprender que cada crisis cíclica actual del capitalismo está siendo afectada y transformada por la crisis histórica del capitalismo. Por lo tanto, cada crisis periódica del capitalismo solo puede derivar en una recuperación parcial del sistema capitalista. Esto es aún más cierto en nuestra época, a medida que se desarrolla una crisis estructural del capitalismo.

Hoy en día, con la economía china como parte de la economía global, las limitaciones de la economía capitalista global se están volviendo cada vez más evidentes. En un número creciente de áreas tecnológicas, China está superando a EE. UU. y a otras economías capitalistas.

El informe del CFR afirma: “Desde la cantidad y calidad de las publicaciones y patentes sobre inteligencia artificial hasta la producción de insumos farmacéuticos, China está bien encaminada para competir, si no liderar, el desarrollo de tecnologías fundamentales, incluyendo la inteligencia artificial, la cuántica (detección, comunicación y computación) y la biotecnología. China también ha descubierto dónde tiene influencia sobre la economía estadounidense, incluyendo su casi monopolio en la extracción y refinación de minerales críticos”.

Quizás una de las limitaciones más graves de la “globalización” quedó aún más al descubierto con la pandemia de Covid. Se reveló que importantes redes de cadenas de suministro económicas globales atravesaban la economía china. China se había convertido en el principal socio comercial de 120 de los aproximadamente 195 países del mundo.

El crecimiento y el desarrollo de la economía china y las limitaciones de la economía global dominada por Estados Unidos han obligado a una seria reevaluación de la estructura de la economía global actual. El informe del Grupo de Trabajo del CFR revela claramente cómo la clase dominante capitalista global está entendiendo estos acontecimientos. Los cambios en la política económica de Estados Unidos no reflejan las opiniones de los políticos demócratas o republicanos, sino que reflejan cambios en las condiciones económicas. 

El informe del CFR señala: “La intervención del gobierno en la economía en nombre de la seguridad nacional está claramente justificada en casos de fallas del mercado”. Además: “Hoy en día, las fallas del mercado que más amenazan la seguridad nacional son la escasez de capital privado en áreas estratégicamente importantes y la concentración excesiva de cadenas de suministro críticas en países hostiles”. Estas referencias a las “fallas del mercado” son ejemplos del crecimiento del dominio económico chino que se considera una amenaza para el dominio estadounidense. 

Esta sensación de crisis ha dado lugar a llamamientos a favor de una nueva “estrategia o política industrial”. La adquisición por parte de la administración Trump de participaciones en empresas de semiconductores y minerales de tierras raras, en nombre de la seguridad nacional, es un ejemplo de estas nuevas políticas. Tanto la administración Trump como el informe del CFR coinciden en pedir que el gobierno de EE. UU. intervenga en ciertos aspectos de la economía global. Ambos también abogan por la “reindustrialización” de EE. UU.

Estas son algunas de las formas en que diversos sectores de la clase dominante están intentando encontrar soluciones a la crisis económica. Sin embargo, dados los rápidos avances tecnológicos (IA, computación cuántica, biotecnología, etc.), y especialmente la tendencia general a que la tecnología de producción sustituya a la mano de obra, cada vez resulta más evidente que el capitalismo, como sistema económico, no puede sostener una sociedad en la que cada vez menos personas tienen empleo en la economía formal. 

El materialismo histórico nos enseña que la base económica de la sociedad da forma a la superestructura política de la sociedad. Es decir, la política está determinada por las exigencias económicas, y no al revés. Con los rápidos cambios en la forma en que se producen y distribuyen los bienes debido a la tecnología que sustituye a la mano de obra, se hacen necesarios cambios en la forma de organización del aparato estatal. 

La única “solución” para la clase dominante capitalista es instaurar un sistema político autoritario, una forma de fascismo. El fascismo de hoy no puede desarrollarse bajo las mismas condiciones económicas y políticas que el fascismo de los años veinte y treinta del siglo pasado. En el pasado, existía, a nivel mundial, espacio para el crecimiento económico y el desarrollo del capitalismo. El régimen fascista fue, en cierto sentido, una “opción” para las diversas clases dominantes y podía utilizarse como una forma temporal de gobierno. La historia muestra que en lugares como Alemania, Italia y Japón, el capitalismo continuó tras la caída del fascismo bajo la forma de un régimen de democracia burguesa. 

Hoy en día, especialmente en los EE. UU., la clase dominante considera que el régimen político fascista es necesario para responder a la crisis económica y continuar con el dominio del capitalismo. Es por eso que vemos el ascenso de la administración Trump. Ciertamente no hay posibilidad de controlar la sociedad con el gobierno de la democracia burguesa, ni con el orden internacional “basado en normas”. Sin embargo, es importante reconocer que, si bien puede controlar a la población a corto plazo, el gobierno político fascista no resolverá la crisis económica fundamental.

Por lo tanto, es fundamental que los revolucionarios en los EE. UU. tengan una comprensión profunda de la situación económica y política global. Estos acontecimientos impactarán inevitablemente en las condiciones de la lucha de clases. Permanecer aislados en un rincón de la lucha de clases, con una comprensión limitada de los acontecimientos globales, es garantizar nuestra derrota.

Es evidente que el capital mundial ha entrado en una crisis histórica de la que no puede recuperarse. La viabilidad de los planes del grupo de trabajo del CFR y también de la facción de Trump no tiene ninguna posibilidad de éxito. Dada la tecnología que sustituye a la mano de obra, es imposible que estas “soluciones” tengan un impacto favorable en el empleo en EE. UU. El impacto político y económico de esta crisis ya está provocando un resurgimiento de las masas populares en EE. UU. La clase dominante estadounidense está avanzando claramente hacia la transformación de la forma de gobierno, pasando de la “democracia” burguesa a una forma de gobierno autoritaria y fascista para controlar el creciente levantamiento de masas de la clase trabajadora.

En estas condiciones, es urgente que los revolucionarios marxistas actúen rápidamente para organizar a aquellos en el movimiento de masas que se están haciendo preguntas más profundas sobre la situación que enfrentamos. Sin desarrollar un partido comunista estratégico y combativo, no es posible un éxito fundamental. 

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