Por Cedar Monroe con Kenia
Traducción al español por Natalia Fajardo.
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En los últimos meses, Los Ángeles ha sido el centro de atención en la oposición a las detenciones masivas por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la agencia que acaba de recibir más fondos que cualquier otra agencia federal encargada de hacer cumplir la ley en los Estados Unidos. Los Ángeles es la segunda ciudad más grande de Estados Unidos y un tercio de su población son inmigrantes de primera generación. El 5 de julio de 2025, hablé con Kenia, quien milita con Unión de Vecinos, la sección local del este de Los Ángeles de la Unión de Inquilinos de Los Ángeles (LATU). Ella reflexionó sobre lo que está sucediendo ahora mismo en Los Ángeles y qué lecciones y preguntas podemos extraer de ello como movimiento. Este artículo se basa en esas reflexiones.
El contexto
Los Ángeles se encuentra en medio del fuego cruzado de una clase dominante en guerra. La administración Trump ha tenido ganas de atacar a California, un estado demócrata que se considera un bastión del liberalismo. Los Ángeles, con su gran población inmigrante, se considera un objetivo particular. “Es como si quisieran convertirnos en un ejemplo”, dice Kenia. Señala que Los Ángeles ha pasado por muchas cosas en los últimos cinco años. La pandemia fue devastadora, con más de 36 mil muertes registradas en tres años. La crisis económica posterior ha provocado un aumento vertiginoso de los precios de los alimentos, y los huevos más baratos en Los Ángeles costaban $8.99 dólares en enero. Los incendios de principios de año acabaron con comunidades enteras, con más de 16 mil estructuras destruidas. Kenia afirma: “Parece que vamos de crisis en crisis. En muchos sentidos, el Gobierno está tratando de normalizar estas crisis y nos dice que estamos bien y que la vida debe continuar como si nada hubiera pasado”.
El comienzo: Las redadas
Kenia afirma que las comunidades de Los Ángeles no esperaban la represión del Gobierno contra ellas, dada su larga trayectoria en la defensa de los derechos de los inmigrantes. Recuerda que regresaba de un curso de formación en el centro del país cuando su teléfono empezó a recibir numerosas llamadas con la noticia de la detención de David Huerta, presidente del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios – Trabajadores Unidos del Oeste (SEIU-USWW). Aunque se le acusa de “conspiración para obstaculizar a un agente”, señala que la respuesta en las calles de Los Ángeles, que intentaba detener las detenciones del ICE, no fue un esfuerzo sistemático ni conspirativo. Más bien, las respuestas populares al ICE han sido orgánicas y no organizadas, lo que en cierto modo muestra la desunión de las comunidades locales.
Es claro que ICE buscaba arrestar a un gran número de personas para alcanzar sus cuotas, y la resistencia orgánica que se desarrolló en las calles fue una respuesta a ello. Cuando los agentes de ICE se centraron en Paramount, una región con pocas organizaciones comunitarias y con una gran mayoría de inmigrantes mexicanos, los residentes respondieron con una “ira pura” desorganizada. En Compton, la gente impidió que se llevaran a sus vecinos. Aunque las respuestas callejeras a las redadas de ICE han sido espontáneas y desorganizadas, también han logrado reducir el número de personas detenidas. En lugar de poder detener a entre 50 y 100 personas a la vez, ICE está recurriendo a redadas en supermercados y tiendas de Home Depot, donde solo pueden detener a unas pocas personas a la vez, sin alcanzar su objetivo de cuotas.
Respuestas oficiales
Kenia afirma que las comunidades locales se han sentido decepcionadas por la respuesta del gobierno municipal de Los Ángeles. Antes del 1 de enero, los funcionarios municipales afirmaron que no colaborarían con ICE, pero durante las redadas a gran escala, la ciudad utilizó a su fuerza policial para controlarlas multitudes y arrestar a los manifestantes, mientras que la alcaldesa pidió que las protestas fueran pacíficas.
Una táctica que usaba la gente era llamar al 911 para denunciar secuestros cuando aparecía ICE. Sin embargo, Kenia dijo que, con mucha frecuencia, la policía creaba un perímetro para proteger a los agentes de ICE. Afirmó que esto contrastaba notablemente con la postura adoptada por el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles. Cuando ICE se enfocó en escuelas y graduaciones, el secretario de Educación de Los Ángeles, Alberto Carvalho, anunció que se tomarían medidas de protección, desde aumentar el apoyo a los estudiantes hasta establecer perímetros de protección con la policía escolar alrededor de todos los lugares de graduación. En Bell, la ciudad también dio un paso al frente. Los agentes de policía y bomberos escoltaron a ICE fuera de la comunidad en un momento dado, y la ciudad emitió una declaración de apoyo a la comunidad.
Construir una narrativa contraria
Kenia cree que enviar mensajes y construir narrativas alternativas es especialmente importante en este momento. “La violencia llegó con ICE”, dijo. “Nadie habría actuado con resistencia violenta sin eso [la violencia estatal]… Nuestras comunidades no son violentas. Nos están provocando para que recurramos a la violencia. Nos están obligando a defendernos”. Las narrativas dominantes están tratando de que la población en general culpe a los manifestantes. “¿Cómo podemos verlos no solo como manifestantes, sino como salvadores de nuestras comunidades en este momento?”, pregunta.
Da miedo de que los Marines y la Guardia Nacional estén siendo utilizados como arma contra los activistas para controlar a Los Ángeles. Al mismo tiempo, Kenia cree que esto puede ofrecer oportunidades en la narrativa para la contraofensiva. Afirma que, en California, muchas personas empleadas en las fuerzas policiales, en los Marines o en el Ejército tienen padres indocumentados. Se encuentran con lealtades conflictivas: el deber hacia el país, pero también el deber hacia sus familias. Una historia fue noticia a nivel nacional: el padre de tres Marines fue brutalmente detenido y agredido por ICE.
Afirma que estas redadas son un síntoma del fracaso del Gobierno Federal a la hora de cumplir lo prometido al pueblo estadounidense. Casi la mitad de los votantes latinos votaron por Donald Trump en las últimas elecciones, confiando, junto con más de la mitad de los votantes estadounidenses, en sus promesas de que la economía mejoraría, que los aranceles obligarían al mundo a someterse y que se abordaría la corrupción federal.
En cambio, el mundo se ha rebelado contra la hegemonía estadounidense, y un gran número de empleados federales han perdido sus trabajos. Además, Estados Unidos ha iniciado una guerra con Irán y se ha aprobado una ley que limita el acceso a la salud, a programas como el SNAP (cupones de alimentos), y otros programas esenciales relacionados con el bienestar social, y que elimina importantes apoyos que tiene la gente. Todo lo que parece haberle quedado a Trump es su política anti inmigración.
Kenia dice que tenemos que estar más abiertos a organizar a estas personas una vez que salgan de la anestesia. La gente se está arrepintiendo de haber apoyado a Trump. “La gente va a tener que tomar decisiones”, dice. Es importante que se destaquen cuáles son los verdaderos problemas, que se muestren las contradicciones de la actual administración y que se señale cuándo las ciudades no están protegiendo a las comunidades a las que dicen servir.
Próximos pasos
Kenia destaca algunas cuestiones clave con las que están luchando los organizadores de Los Ángeles, ya que se han convertido en la zona cero de la aplicación de las leyes anti inmigración en Estados Unidos. Nota que la gente se enfrenta a retos muy reales en sus condiciones materiales. Muchas personas tienen miedo de salir de sus casas, están perdiendo sus trabajos remunerados y cada vez les cuesta más pagar la renta y costear las necesidades básicas.
Como medida inmediata, Unión de Vecinos está convocando una huelga de renta y exigiendo una moratoria de desalojos. Habían estado preparando una campaña para movilizar a los trabajadores para que se unieran y repararan sus propias viviendas, en lugar de esperar a los propietarios, pero ahora la gente se enfrenta a la pérdida de esas viviendas.
Al mismo tiempo, señala que es importante ser estratégico. No es sostenible pasar de una redada de ICE a otra. Tampoco es útil abandonar los objetivos a largo plazo para abordar la crisis actual. Entonces, ¿cuáles son algunas estrategias para construir algo duradero?
Crear alianzas estratégicas: Este momento es una oportunidad, dice Kenia, para colaborar con otras organizaciones que trabajan para detener las redadas y para establecer conexiones con organizaciones que nunca han trabajado juntas en el pasado. Es hora de dejar atrás los agravios y desacuerdos del pasado entre los diferentes grupos y unirse en este momento. Es necesario crear alianzas estratégicas para “mirar más allá de nuestras diferencias y trabajar en conjunto”.
Fomentar perspectivas globales: Kenia insiste en que debemos conectarnos con lo que está sucediendo en el resto del mundo, por varias razones. En primer lugar, nadie abandona su país y emigra sin las presiones del imperialismo y apropiación de sus trabajos y medios de vida en su lugar de origen. La inmigración a Estados Unidos está directamente relacionada con el imperialismo estadounidense y de la clase dominante. En segundo lugar, lo que Estados Unidos e Israel han estado haciendo en Palestina, por ejemplo, es una advertencia de lo violento y destructivo que puede llegar a ser nuestro futuro si no luchamos. La ocupación palestina también comenzó de forma modesta, pero ciudades como Los Ángeles pueden prever su propio futuro si permitimos la ocupación militar ahora.
Organizar nuestra base política: Kenia afirma que organizar nuestra base política es fundamental. ¿Qué tipo de organización queremos cuando se calme este auge de actividades y activismo? ¿Cómo pueden los organizadores aprovechar este momento para construir poder y una base política? Ella dice: “Estamos instando a las personas y a las comunidades a que empiecen a hablar con sus vecinos y a organizarse de forma muy localizada: ¿cuál es tu territorio, tu manzana, cómo vas a protegerlo? ¿A quiénes hay que proteger en tu barrio, dónde están los refugios, qué necesitas? ¿Cuáles son los proyectos de supervivencia necesarios en estos tiempos?”.
Afirma que están organizando distribuciones de alimentos a través de siete comités barriales, una forma de empezar a organizarse edificio por edificio, manzana por manzana. “Si todo el mundo se organiza y controla su manzana, se lo ponemos más difícil [a nuestra oposición]”, afirma Kenia. Los organizadores también están buscando formas de apoyar a las personas que, por ejemplo, tienen miedo de acudir a sus citas del SNAP y de asistencia social. La mayoría de estas citas ahora se pueden hacer en línea. Ella pregunta: “¿Cómo compartimos esa información y conseguimos que haya personas en cada vecindario que puedan ayudarle a la gente a enviar una solicitud para hacer sus citas en línea?”.
Esta crisis actual ofrece una oportunidad para crecer, dice, “para atraer a más gente, para cambiar la narrativa”. A medida que Los Ángeles construye su resistencia, también está construyendo modelos de resistencia en todo el país.
