Más Allá de los Titulares del la Victoria de United Auto Workers

Reflexiones para Revolucionarios

Por Sheilah Garland-Olaranian

La huelga de United Auto Workers (UAW) de septiembre y octubre de 2023 fue noticia por su combatividad y creatividad táctica, y el sindicato consiguió la mayoría de sus exigencias frente a los tres grandes fabricantes de automóviles de Estados Unidos. 

Varios meses después de que los miembros del UAW decidieron irse a huelga para equiparar sus salarios y prestaciones con las enormes ganancias que han disfrutado los fabricantes de automóviles, no es demasiado tarde para comprender mejor el papel de los sindicatos a medida que la economía da un giro sísmico hacia una producción basada en la tecnología.  

En las primeras décadas del siglo XX, las fábricas de automóviles crecieron hasta convertirse en mini-ciudades repletas de policías contratados para controlar a los trabajadores, y de todo lo necesario para producir el automóvil, desde el acero hasta los asientos de tela. Los propietarios necesitaban montones de trabajadores para hacer funcionar las máquinas, palear el carbón, soldar, ensamblar y realizar actividades muy repetitivas.  Las condiciones de los trabajadores en estas fábricas eran brutales, pero estaba el atractivo de lo que parecía un trabajo estable en el futuro.

Las extensas fábricas, en las que decenas de miles de trabajadores trabajaban en turnos para mantener las cadenas de montaje funcionando 24 horas al día, siete días a la semana, permitían un tipo de socialización que Marx consideraba un paso necesario en el desarrollo de la conciencia de clase entre los trabajadores.  El rápido cambio del trabajo artesanal individual a una división especializada del trabajo de miles de trabajadores bajo un mismo techo sentó las bases de una unidad obrera, la cual fue la base para el nacimiento del sindicato United Auto Workers como único representante de todos los trabajadores automotrices, cualificados y no cualificados.  

Las quejas de los trabajadores surgían de las inhumanas condiciones de trabajo en las fábricas automotrices, las altas velocidades en la línea de ensamble, los despidos indiscriminados y la brutal represión de los trabajadores mediante Pinkertons y otros matones, y la fuerza extralegal para dirigir y controlar a los trabajadores.  

Los trabajadores negros del Sur, siendo expulsados de las enormes plantaciones debido a la mecanización de la producción agrícola, afluían hacia las ciudades del Norte industrial y hacia el Oeste, a California. Blancos de las montañas de Virginia, Georgia y las Carolinas se unieron a la mano de obra industrial junto con inmigrantes europeos. La clase obrera se unía de una manera plagada de racismo, pero que también creaba la posibilidad de organizarse políticamente.  

Todo esto ocurría mientras la Unión Soviética se incorporaba al escenario económico y político mundial como una utopía obrera que producía una histeria política dentro del mundo capitalista, donde los capitalistas y sus representantes temían que los trabajadores y las naciones se alinearan con el campo socialista. El miedo de los gobernantes estadounidenses ha alimentado décadas de brutal represión, opresión y explotación en todo el mundo. Esa explotación, el excepcionalismo estadounidense, es la base sobre la que la clase obrera estadounidense se ha beneficiado de las políticas geopolíticas internacionales de EEUU. 

Las brutales condiciones de trabajo, incluidos los aumentos de velocidad de las líneas, fueron fuente de continuos conflictos laborales y dieron lugar a muchas huelgas salvajes, especialmente en los años 30 y antes de la aprobación de la Ley Wagner (Ley Nacional de Relaciones Laborales), en 1935.  La Ley Wagner se diseñó para acorralar a los trabajadores en un marco legal de quejas y arbitrajes. Mientras Estados Unidos luchaba por recuperarse de la caída bursátil de 1929 y se preparaba para entrar en la Segunda Guerra Mundial, el capital estadounidense necesitaba sofocar el descontento laboral y canalizar a la clase obrera para que apoyara la conversión de la industria automovilística estadounidense en una máquina de producción bélica.  

La huelga de brazos caídos de 1936-37 en Flint, Michigan representó un golpe para los trabajadores y, en última instancia, un paso clave necesario para que la industria produjera con poca o ninguna interrupción laboral.  La unidad organizada de los trabajadores de las fábricas de Flint se había ido forjando durante años, a medida que los revolucionarios del Partido Comunista de EEUU y del Congreso de Organizaciones Industriales luchaban por la unidad de los trabajadores, quienes lucharon por representación sindical y por el fin de los aplastantes aumentos de velocidad de las línea. Los revolucionarios representaban una conciencia política que fue decisiva en la organización que condujo a la huelga de brazos caídos.  

En palabras de muchos trabajadores de la huelga de brazos caídos de Flint, su lucha no habría tenido éxito de no ser por la presencia de revolucionarios políticos que luchaban junto a ellos para conseguir su exigencia de reconocimiento sindical.  

De hecho, la famosa foto de los trabajadores automovilísticos saliendo de la planta de Fisher tras su victoria, en la que aparecía Roscoe Van Zandt, un negro huelguista sosteniendo la bandera estadounidense, no fue casualidad. Fue el resultado de la visión de la conciencia política de los revolucionarios que formaron parte de aquella lucha.  

La victoria clave de aquella huelga dio paso al reconocimiento de United Auto Workers como único representante de los trabajadores automovilísticos. La victoria resultó decisiva en los años siguientes, ya que los trabajadores de otras industrias intensificaron sus esfuerzos organizativos, lo que dio lugar al mayor crecimiento de sindicalización que se había visto en EEUU. Hay que señalar que la Ley Wagner de 1935 dejó fuera a millones de trabajadores no industriales de la agricultura, el servicio doméstico y otras industrias, lo que hizo imposible lograr salud, educación y vivienda universales, entre otras. 

La automatización llegó por primera vez a la industria pesada a mediados del siglo XX. Según estudiosos como Thomas Sugrue, la implantación de nuevas tecnologías digitales no supuso inicialmente más ganancias para los fabricantes de automóviles, sino que se implementaron para disciplinar a los trabajadores, sustituyendo la mano de obra por tecnología en puntos clave de la producción.

La tecnología electrónica e informática se está aplicando no sólo en entornos industriales, sino también en las finanzas, la contabilidad, el comercio minorista, la banca, la medicina, la comida rápida, etc. Entre este creciente sector de trabajadores no organizados se encuentran los que fueron expulsados de la gran industria debido en gran parte a los nuevos métodos de producción que los desplaza permanentemente. El número de afiliados a UAW alcanzó un máximo de 1,5 millones en la década de 1970. En la actualidad hay 400.000 miembros activos de UAW y 600.000 jubilados. Según la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, en 2023 había un millón de trabajadores del sector automovilístico. 

Con la Inteligencia Artificial avanzando cada año, se predice que la IA podría crear miles de millones de dólares en ganancias, superando el producto interior bruto de muchos países y contribuyendo a la actual y cada vez más profunda crisis económica del capitalismo. La clase dominante no tiene solución para la crisis económica cada vez más profunda que está creando la IA. La crisis del capitalismo no puede resolverse dentro de la estructura de las instituciones capitalistas existentes. Una pregunta que quizá deberíamos hacernos es cómo responderán el revitalizado UAW y otros sindicatos a la creciente crisis económica y social de IA, y a la mayor aplicación de tecnología a la producción automovilística. Quizá podamos hacernos una idea si nos fijamos en la respuesta del UAW a la introducción de brazos robóticos y otras formas de tecnología en la producción de automóviles a finales de los 1980s.

Los contratos del UAW de mediados de los ochenta exigían una «reconversión» de los trabajadores, ofreciéndoles formación en otros campos y proporcionándoles financiación directa (a través de las denominadas bolsas de trabajo) para evitar la ineludible pérdida de todos sus ingresos. Desgraciadamente éste puede no ser un recurso viable ahora, dada la amplitud y profundidad del potencial impacto de la IA en la producción humana.   

Cuando la robótica y otras tecnologías aplicadas a la producción automovilística desplazaron permanentemente a los trabajadores y se cerraron fábricas en todo el país, ofrecer matrículas, transferencias y otros planes hizo muy poco por desviar el inevitable dolor económico y social que muchos trabajadores del sector experimentaron en la década de 1980.  

Los revolucionarios deben comprender la historia de nuestro pueblo y nuestras instituciones, además de entender nuestra cultura, y conectar con esos líderes revolucionarios prácticos que se están creando en respuesta a la crisis del capitalismo.   

La huelga del UAW de 2023 

El colapso económico del sistema capitalista en 2007-2008, la Gran Recesión, sumió a millones de trabajadores en la pobreza. La respuesta del gobierno fue rescatar a «Wall Street, no a Main Street».  Bajo la presidencia de George W. Bush, en septiembre de 2008 el gobierno creó un paquete de rescate aprobado por el Congreso en menos de 20 días.  Parte del paquete incluía la exigencia de concesiones a los dirigentes del UAW para garantizar la rentabilidad futura de la industria automovilística.  Las concesiones sumieron en la pobreza a cientos de miles de trabajadores de esta industria a través de un esquema de escala salarial de tres niveles diseñado para suprimir los salarios de los trabajadores. Las concesiones incluían el fin de las pensiones pagadas por el empleador, junto con el fin de las prestaciones de salud para jubilados que la empresa pagaba. La industria automovilística invirtió unos 4.000 millones de dólares en un fondo de asistencia de salud que gestionaría directamente UAW.   

El dolor de estas concesiones redujo a los trabajadores automovilísticos a una posición económica similar a la de los millones de otros trabajadores que estaban siendo abandonados, ya que el sistema capitalista, a través de la política y el apoyo del gobierno, benefició una vez más a las corporaciones para que recibieran cada vez mayores ganancias a costa de los sacrificios de los trabajadores.  

Los demócratas se apresuraron a ratificar las medidas del presidente saliente Bush para apuntalar Wall Street. Barack Obama, una vez elegido en noviembre de 2008, nombró un gabinete que incluía a muchos de los destacados economistas que habían creado las condiciones para la Gran Recesión, y que seguirían rescatando a Wall Street con sus decisiones políticas en años posteriores. 

Tras la Gran Recesión, una recuperación sin empleo y tres años muy difíciles de pandemia mundial, Shawn Fain, el recién elegido líder de UAW, irrumpió en la escena mediática en 2023 como la voz de la asediada clase trabajadora estadounidense.  A los trabajadores se les había dicho que su sacrificio era necesario para salvar sus puestos de trabajo.  Pero Fain, al pedir una nueva estrategia que incluía huelgas continuas que afectarían a los tres fabricantes de automóviles, dio voz al carácter de clase de la crisis económica. Fain afirmó que se alababa a la clase obrera por aceptar concesiones, pero se la criticaba por exigir salarios dignos.  

A medida que estos trabajadores se hundían más y más en la pobreza, el descaro de ser llamados codiciosos era una afrenta. Fain declaró en una camiseta que había que «comerse a los ricos», y que su avaricia era responsable del hundimiento de la economía. El hecho de que el 75% de los estadounidenses apoyaran la huelga es un testimonio del profundo sentimiento que esta huelga de UAW representaba. 

El papel de los revolucionarios entre los trabajadores organizados 

El papel de los revolucionarios dentro de las fábricas de automóviles tiene una larga historia.  En los años 60 en Detroit, fueron la Liga de Trabajadores Negros Revolucionarios y el Movimiento Sindical Revolucionario de Dodge los que expusieron la duplicidad de la dirección de los trabajadores de la automoción al mantener prácticas racistas que garantizaban una clase obrera dividida. Los trabajadores negros, dirigidos por General Gordon Baker y otros notables revolucionarios de Detroit, desenmascararon las prácticas de complicidad de los dirigentes sindicales con los fabricantes de automóviles y exigieron la solidaridad entre los trabajadores, la cual encerraba la promesa de construir la unidad de clase necesaria para liberar a la clase obrera.   

En una entrevista con Claire McClinton, antigua trabajadora de la industria automovilística de Flint y dirigente de la antigua Liga de Trabajadores Negros Revolucionarios, señaló que el éxito de la Huelga de Pie del UAW se debió en gran parte a que el dolor de las concesiones se había hecho sentir en toda la industria automovilística. Empleados, trabajadores cualificados, jubilados y recién contratados, todos tenían motivos para unirse a la huelga que iba a concluir con éxito.  

Las comunidades diezmadas por los cierres de fábricas de automóviles, como la de Belvidere (Illinois), se animaron ante la perspectiva de conseguir la reapertura y el reequipamiento de esas instalaciones. Y esa victoria se convirtió en parte del acuerdo provisional pendiente alcanzado con los tres fabricantes de automóviles. 

Muchas agrupaciones progresistas y revolucionarias del UAW habían estado luchando por la estructura de “un voto por miembro”, que diera cabida a un sindicato democrático. La Liga de Trabajadores Negros Revolucionarios, New Directions y otros grupos progresistas de UAW habían librado esta lucha durante más de 40 años.  Pero fueron las acusaciones del gobierno por violación de la ley RICO (Ley de Organizaciones Corruptas e Influenciadas por el Crimen Organizado) las que condujeron a la política de “un voto por miembro”. Fue este escenario el que propició la ajustada victoria de Fain como Presidente Internacional del UAW.  

La esencia de la Huelga de pie del UAW parece haber sido comprender el papel de los trabajadores automotrices no sindicalizados dedicados a la producción de automóviles a batería, que podría impulsar el futuro crecimiento del UAW. El acuerdo provisional sienta las bases para la inclusión de estos trabajadores en el convenio global. 

Además, y esto no pasa desapercibido para los progresistas y revolucionarios, el actual acuerdo provisional expirará dentro de tres años, el 30 de abril de 2027, un día antes del Primero de Mayo.  

El entusiasmo y la energía que inspiró la huelga de pie de 45 días del UAW demuestra que el tener una estrategia, una comprensión del enemigo y una comprensión de la historia del movimiento sirvió para galvanizar a los trabajadores para luchar por un objetivo estratégicamente establecido. La forma pública en que se desarrolló la huelga sirvió para exponer a la opinión pública lo que los ricos piensan realmente de ellos como trabajadores.  

En casi todos sus discursos, Fain relacionó a los trabajadores con sus profundas raíces obreras, así como con sus raíces históricas en el Evangelio Social. El conectar la huelga de pie con la historia bíblica fue algo revolucionario. Al llevar la Biblia de su abuela y hacer referencia a las escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento, Fain dijo a los trabajadores que la fe es a menudo lo que nos lleva a dar grandes pasos a pesar del obstáculo aparentemente insuperable que tenemos ante nosotros. Muchas veces decidimos luchar cuando estamos entre la espada y la pared, o cuando la situación parece desesperada.  En este caso, las abultadas arcas de los tres grandes fabricantes de automóviles y sus recalcitrantes tácticas de negociación y desprecio de las demandas de los trabajadores crearon la tormenta perfecta en la que se perfilaba un enfrentamiento de proporciones aparentemente bíblicas. El Evangelio Social tiene una larga tradición en este país, comenzando a finales del siglo XIX, cuando la economía estaba cambiando de una economía principalmente esclavista/agrícola a los inicios de una economía industrial.  

Con el capitalismo desenfrenado de finales del siglo XIX creando una pobreza incalculable, las exigencias del Evangelio Social son muy similares a las exigencias que vemos hoy en día, desde la tradición del reverendo Dr. Martin Luther King, Jr. al obispo William J. Barber, II y ahora, al parecer, al recién acuñado líder del UAW Shawn Fain. Estos profetas modernos del Evangelio Social exigen que el capitalismo, con su riqueza incalculable, resuelva los problemas de la pobreza en lugar de perpetuarlos. 

El desdén que los ricos sienten por la clase trabajadora quizá se capte mejor en una entrevista de noticiero al antiguo ejecutivo de Ford Mark Fields, menos de dos semanas antes de que se alcanzara un acuerdo provisional y cuando los trabajadores de Ford Kentucky estaban sorprendentemente llamados a la huelga. Fields dijo que «las exigencias del UAW llevarían a la empresa a la quiebra». Y continuó declarando: «Cuando se piensa en cómo UAW está pensando en esta huelga y cómo lo hacen los fabricantes de automóviles, UAW está jugando damas chinas y los fabricantes están jugando al ajedrez».  

Fain tenía razón en su caracterización de los ricos propietarios de las fábricas de automóviles. Esos “peces gordos” desprecian a los trabajadores y nunca nos invitarían a sus jets, a cenar o dar una vuelta en sus yates. 

Como revolucionarios debemos comprender la historia de los movimientos y su importancia en el camino hacia la revolución. Las victorias en la organización sindical han aumentado en los últimos años, pero la densidad sindical y los ataques a este sector organizado de la clase trabajadora continúan, ya que la clase dominante se opone a cualquier esfuerzo que exponga o desafíe potencialmente su poder.  Los sindicatos, por su origen y posición en las economías capitalistas, no se organizaron para derrocar a sus jefes o desbaratar por completo el sistema capitalista de producción y distribución. Esto es quizá lo que hizo tan emocionante la batalla entre este UAW recién reorganizado bajo la dirección de Fain.  

Las líneas de batalla se trazaron una vez que el sindicato desarrolló una estrategia completamente diferente para golpear a los tres grandes fabricantes de automóviles. El coste de exigir su parte justa a estos fabricantes les obligó a satisfacer aspectos significativos de las exigencias de UAW, para mantener las relaciones que permitieran reanudar la producción. Con el fin de esta ronda de hostilidades, será interesante comprobar que más grupos sindicales quizás busquen nuevas estrategias.  

La historia nos muestra, a través de la revolución soviética, que los sindicatos desempeñaron un papel importante en la toma del poder estatal. Aunque no estamos cerca de esa etapa, debemos estudiar el movimiento obrero organizado y comprender su papel.   

Los sindicatos se organizaron para reformar el sistema capitalista. Es importante que los revolucionarios comprendan el papel de los sindicatos en este contexto. La lucha por las reformas es donde nos encontramos en esta época inicial de la revolución. La reciente batalla entre el UAW y los dueños de la industria automovilística demuestra que los sindicatos podrían desempeñar un papel clave en el desarrollo de la conciencia de clase necesaria para la unidad de clase. Sin embargo, sin conciencia revolucionaria, estos enfrentamientos se traducen en el constante ir y venir de la lucha por las reformas.  

Como advirtió Lenin hace un siglo, los revolucionarios conscientes no pueden ser simplemente una sección avanzada de la clase obrera, también deben formar parte de la clase obrera, “estrechamente ligados a ella por todas las fibras de su ser…”

Sheilah Garland-Olaranian fue criada en Flint, Michigan. De niña recorrió los piquetes de huelga con su padre, que fue miembro del sindicato United Autoworkers durante 35 años. Sheilah ha sido organizadora en todo el país, más recientemente con National Nurses United, organizando a enfermeras registradas en el sindicato desde Nevada hasta Florida. Actualmente es parte del Comité Coordinador de de la Campaña de la Gente Pobre: Un Llamado Nacional para el Renacimiento de la Moral en el estado de Illinois. Ha sido miembro de la junta directiva del Sindicato Nacional de Derechos de Bienestar.

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