¿Qué podemos aprender de La estrella roja sobre China?

Read this article in English

Por Cedar Monroe

La estrella roja sobre China es un relato del periodista estadounidense Edgar Snow, quien visitó al Ejército Rojo chino a lo largo de 1936, justo antes de la guerra con Japón. [1] En 1935, Mao se puso en contacto con personas de su confianza para pedirles que enviaran a un periodista extranjero imparcial. Snow fue recomendado y viajó con un médico estadounidense a Bao’an (hoy condado de Zhidan, en la ciudad de Yan’an, provincia de Shaanxi), la capital de la base revolucionaria de Shaanxi-Gansu-Ningxia. Mao y Zhou Enlai elaboraron un itinerario para la visita y Snow realizó numerosas entrevistas con Mao Zedong, Zhou Enlai y otras figuras como Peng Dehuai y Xu Teli.

Este resumen no es tanto una reseña del libro como una serie de lecciones que, en mi opinión, podemos extraer de esta etapa inicial. Si Carlos Martínez tiene razón y el Partido Comunista Chino “es la fuerza líder para el desarrollo y el fortalecimiento del marxismo en el siglo XXI” (The East is Still Red, p. xix), ¿qué lecciones podemos aprender de los primeros años del PCCh? ¿Qué lecciones podrían ser útiles para los/as organizadores o militantes de hoy que desean ver un desarrollo socialista en Estados Unidos?

Estrategia

En la época en que Snow escribió su obra, China era un Estado semifeudal. Acababa de pasar por una revolución nacionalista que derrocó a la dinastía Qing en 1911, pero estaba gobernada en gran medida por jefes militares lugareños . La mayoría de la gente vivía en pobreza extrema.

Snow ilustra cuán malas eran las condiciones, tras haber visitado el noroeste de China durante la hambruna de 1929, donde estima que murieron entre 3 y 6 millones de personas. Relató lo impactante que era que la clase terrateniente, en ese entonces, almacenara grandes cantidades de grano bajo custodia armada mientras millones se morían de hambre. Luego los terratenientes compraron mucha tierra a los campesinos hambrientos, y utilizaron fondos estadounidenses para construir un canal con el fin de desarrollar una producción agrícola rentable. Las milicias locales formadas para defender a los terratenientes se habían “degenerado en una pandilla que vivía a costa del campo”.

Tras la fundación del Partido Comunista Chino en 1921, este se alió con el partido nacionalista chino en el poder, el Kuomintang, liderado por Chiang Kai-Shek. En 1927, los miembros comunistas fueron masacrados y expulsados del Kuomintang, lo que condujo a la guerra civil.

Mao Zedong y otros se enfocaron en una estrategia rural y establecieron la base sóviet  de Jiangxi en el sureste de China, además de consolidar el Ejército Rojo. Mao sostenía que los revolucionarios chinos debían centrarse en las zonas rurales, organizando a los campesinos, en lugar de enfocarse en la clase obrera urbana en desarrollo. Argumentó que no podrían tomar fácilmente el control de las grandes ciudades, pero que sí podrían hacerse con el control del campo, menos poblado. Demostró tener razón.

El sóviet de Jiangxi resistió al Kuomintang durante algún tiempo, pero los revolucionarios comunistas finalmente se vieron obligados a retirarse 6,000 millas hacia el noroeste, en la Gran Marcha, entre 1934 y 1935. Se establecieron en el noroeste y organizaron la base de Ya’nan.

A medida que el PCCh formaba sus sóviets (bases) y se hacía con el control de las zonas rurales, se enfrentaba a una amenaza constante por parte de las fuerzas nacionalistas. La estrategia resultó ser clave.

Unir al pueblo contra un enemigo común

En primer lugar, el PCCh se esforzó por unir a los campesinos a su causa. Cuando Snow viajaba hacia los sóviets del noroeste, preguntó a algunos de sus guías si la gente temía a “los rojos”. Una persona respondió: “Los ricos los temen, y los terratenientes, y los funcionarios y recaudadores de impuestos, sí. Pero los campesinos no le temen”. Otro soldado muy joven compartió que quería “luchar contra los amos que mataban de hambre a sus aprendices y contra los terratenientes que robaban a sus padres”.

El PCCh se enfocó en unir al pueblo contra sus enemigos comunes: la clase terrateniente, que era su opresora más directa, y los japoneses, que ya se estaban adentrando en el territorio para intentar ocupar partes del noroeste. El PCCh reconoció que era sumamente importante “ganarse el apoyo y la participación de las masas campesinas”, como le dijo a Snow el famoso líder militar chino Peng Dehuai. Se veían a sí mismos comprometidos con el pueblo y sus intereses.

Pero no se limitaron a unir al pueblo para luchar contra un enemigo común. Construyeron una visión de una China diferente que cautivó la imaginación de la gente. Snow describe esto como “una nueva visión en la China rural: luchar por una vida de justicia, igualdad, libertad y dignidad humana”. Comenta que, mientras el Ejército Rojo combatía a los nacionalistas hacia el final de la guerra civil, “a menudo era el único bando en una batalla que creía estar luchando por algo”.

Cambio de las condiciones materiales

El PCCh no se limitó a hablar de las condiciones que quería cambiar. Implementó esos cambios dondequiera que establecía una base, en la medida de sus posibilidades. Snow escribe sobre el sóviet de Jiangxi: “Se re-distribuyó la tierra y se aligeraron los impuestos… Según consta se habían eliminado el desempleo, el opio, la prostitución, la esclavitud infantil y el matrimonio forzado, y que las condiciones de vida de los trabajadores y los campesinos pobres en las zonas pacíficas mejoraron considerablemente. La educación de masas avanzó mucho en los sóviets estabilizados”.

Por supuesto, esto no duró para siempre; solo mantuvieron el control de esa región durante unos pocos años antes de verse obligados a retirarse. Pero incluso durante la Larga Marcha, se relacionaron con los campesinos rurales a lo largo de todo el camino y trabajaron para empoderarlos. Distribuyeron entre los pobres todo lo que confiscaban a los terratenientes: “se destruyeron los títulos de propiedad, se abolieron los impuestos y se armó al campesinado pobre”. El campesinado los veía como un “ejército de los pobres”.

En la base de Ya’nan, donde se establecieron en el noroeste, hicieron lo mismo que antes: confiscaron todas las tierras “que no cultivaban los propios propietarios”, despojando a los terratenientes y a los campesinos ricos y dejándoles solo lo que pudieran labrar ellos mismos. Es importante destacar que también ayudaron a los “campesinos medios” al abolir los impuestos y reclutarlos para la lucha antiimperialista contra Japón. Crearon sóviets rurales donde todas/os podían votar en su aldea para elegir a sus representantes en el congreso sóvietico. Cada distrito contaba con comités de educación, cooperativas, entrenamiento militar y político, cultivo de la tierra y más. A Snow le llamó la atención que, incluso cuando la gente se quejaba del gobierno, lo llamaban “nuestro gobierno”. Snow dice que nunca vio a un mendigo en los sóviets.

Peng Dehuai, considerado en la China moderna como uno de sus más grandes comandantes militares, es citado por Snow diciendo: “Dado que las masas solo están interesadas en la solución práctica de sus problemas de subsistencia, solo es posible desarrollar la guerrilla mediante la satisfacción inmediata de sus demandas más urgentes…”. Si bien los primeros sóviets solo podían satisfacer parcialmente las necesidades de los campesinos rurales, priorizaron solventar las necesidades materiales como parte central de su estrategia para ganarse el apoyo de la China rural.

Tácticas

Utilizaron diversas tácticas para consolidar este apoyo.

Reclutamiento de fuerzas enemigas

En primer lugar, reclutaron masivamente en todos los lugares posibles Mao, en una entrevista, señaló que algunos sectores del PCCh lo tildaban de “reformista” porque se negaba a asaltar y matar a los terratenientes e incluía a “bandidos” en sus filas, invitándolos a unirse al Ejército Rojo. Mao exigió un “trato generoso hacia las tropas enemigas capturadas” y, en algunos lugares que visitó Snow, un tercio de los comandantes eran ex-soldados del Kuomintang. Peng Dehuai argumentó que al ejército contrario “se le debe, si es posible, ganarlo políticamente para que se ponga del lado de las masas”. Un soldado le dijo a Snow, según su traducción: “No matamos a los [soldados] capturados. Los educamos”.

Solo librar batallas que pudieran ganar

Snow registra muchas consignas del Ejército Rojo, entre ellas: “¡Cuando el enemigo avanza, nos retiramos!”, “¡Cuando el enemigo busca evitar la batalla, atacamos!”. Se hacía hincapié en librar únicamente batallas que pudieran ganar y luego retirarse cuando fuera necesario. Otros comandantes militares querían enfocarse en las grandes ciudades y en combates militares prolongados, pero Mao siempre abogó por el avance rural y “la consolidación, bajo un poder sóvietico completo, de aquellas zonas que ya habían caído en manos del Ejército Rojo”.

Peng Dehuai, en su entrevista, dijo que el PCCh “no debe librar ninguna batalla perdida. A menos que haya fuertes indicios de éxito, deben rechazar cualquier enfrentamiento”. La sorpresa y la retirada eran las tácticas principales.

Organizarse cruzando diferencias

China era y sigue siendo un país inmenso con muchos grupos étnicos y minoritarios diferentes, muchos de los cuales habían estado en conflicto prolongado con el gobierno chino. Había una gran tensión étnica y odio entre la mayoría han y otros grupos étnicos, especialmente en el oeste. Durante la Gran Marcha, el Ejército Rojo atravesó el territorio del pueblo yi, un grupo indígena chino, y forjó alianzas con ellos. El PCCh logró liberar a los rehenes indígenas de los señores de la guerra locales y les ayudó a armarse para mantener su independencia. Algunos se unieron al Ejército Rojo. El ejército de Mao también prometió que los ayudaría a crear regiones autónomas y a autogobernarse (lo cual se cumplió tras la creación de la República Popular de China, y estas regiones siguen siendo autónomas hasta el día de hoy).

Los musulmanes del noroeste, en Ningxia y Gansu, también fueron reclutados por el Ejército Rojo, que prometió cancelar la pesada deuda en la que se encontraba la mayor parte de la población, abolir los recargos fiscales, proteger la cultura musulmana y la libertad religiosa, y formar un gobierno musulmán autónomo armado contra el imperialismo japonés. Crearon un regimiento de entrenamiento, reclutando de los ejércitos de los jefes militares de la zona. Capacitaron a educadores musulmanes en escuelas del partido para que impartieran educación; crearon sus propios materiales, periódicos y obras de teatro, y celebraron sus propias reuniones. Existía un antagonismo étnico profundo y de larga data entre los musulmanes hui y los chinos han. El Ejército Rojo estableció normas para que sus tropas Han utilizaran un lenguaje y un trato respetuosos hacia el pueblo hui.

La estrategia del PCCh consistía tanto en satisfacer las demandas como en entablar un diálogo respetuoso, y en definir un enemigo común: “Nuestros enemigos comunes son los terratenientes, los capitalistas… nuestro objetivo común es la revolución”. Peng Dehuai, al referirse a los hui, dijo en un discurso grabado por Snow: “Estas personas también son hermanos y responderán al mismo trato que los demás seres humanos. No debemos dejar pasar ni una sola oportunidad para convencer a un soldado blanco [del Kuomintang] o a un campesino mahometano [musulmán hui]… Recuerden que hasta ahora no han tenido conciencia política alguna, salvo el odio racial”.

Lidiar con la desigualdad

El PCCh creía que enfrentar la desigualdad social era vital para promover su visión. A las mujeres se les otorgó pleno derecho al voto e igualdad salarial en los sóviets, y se formaron organizaciones de mujeres en cada aldea para organizar mejor sus intereses y su educación. Snow señaló: “El objetivo de la organización en los sóviets era, obviamente, hacer que cada hombre, mujer y niño fuera miembro de algo, con una tarea definida que desempeñar”.

Los sóviets también prohibieron prácticas como el vendaje de pies y la poligamia, así como la compra de esposas o los matrimonios concertados. La edad legal de consentimiento se elevó a los 18 años para las mujeres (20 para los hombres), todos los hijos eran legítimos y se estableció que el matrimonio debía basarse en el consentimiento mutuo. Se legalizó el divorcio. La educación era universal.

Saber cuándo ceder

El ejército de Mao también fue capaz de ceder. Para 1936, consideraban que la futura lucha contra Japón era la siguiente etapa más importante de su lucha.

Para emprender esa lucha, trabajaron en pro de una reunificación de las fuerzas chinas, comunistas y del Kuomintang, con el fin de resistir a Japón. Mao “hizo una declaración formal… para poner fin a la guerra civil” a finales de 1936. Chiang Kai-Shek se resistió y quería eliminar primero lo que consideraba la amenaza comunista, pero al final se vio obligado a aceptar.

Mao argumentó que necesitaban paz interna para librar una guerra externa. “Para un pueblo privado de su libertad nacional, la tarea revolucionaria no es el socialismo inmediato, sino la lucha por la independencia. Ni siquiera podemos hablar de comunismo si nos roban el país en el cual practicarlo”. Se hicieron concesiones para lograrlo, aunque los términos aún dejaban a los comunistas a cargo de su propio ejército, partido y sóviets. Se levantó el bloqueo económico y se estableció el comercio, y finalmente pudieron conseguir camiones y equipo, abrir una biblioteca en Yan’an e inscribir a más de 2,000 estudiantes en la Universidad Roja (rebautizada como “Universidad Antijaponesa”). Para entonces, los asistentes provenían de toda China, incluyendo musulmanes, tibetanos y varios grupos indígenas.

Formación de cuadros a través de la educación política

A lo largo de todas estas estrategias y tácticas, hubo un hilo conductor: la formación de cuadros, tanto dentro del propio Ejército Rojo como entre la población campesina en general. El PCCh necesitaba líderes de base. Hoy en día, el PCCh cuenta con 5,25 millones de organizaciones de cuadros de base que ayudan a elaborar la política del partido. Snow citó a Peng Dehuai diciendo: “La formación política debe acompañar cada fase de la lucha y se deben formar líderes locales a partir de cada nuevo grupo que se sume a la revolución”.

Snow parecía sorprendido por lo bien educados que estaban los líderes del Ejército Rojo. Al entrevistar a Mao, mencionó cuánto sabía este sobre política mundial y con qué detenimiento había estudiado la lucha de los afroamericanos y los indígenas estadounidenses. La Universidad del Ejército Rojo, según informa Snow, era probablemente la única institución de educación superior “cuyas aulas eran cuevas a prueba de bombas, con sillas y escritorios de piedra y ladrillo”. A los reclutas se les impartía entrenamiento militar, pero también se les educaba en política regional y mundial y en teoría marxista, así como en el estado actual de la revolución china. Cuando Snow estuvo allí, tenían una lista de espera de 2,000 estudiantes de toda China.

Muchos de sus miembros fundadores se habían formado en Francia o en Rusia, en escuelas revolucionarias creadas para capacitar a otros países en el desarrollo socialista. Snow observa que muchos estudiaron el comunismo en Rusia; “Decenas de líderes del Ejército Rojo chino, que habían asistido a la Universidad Sun Yat-sen, a la Academia Roja o a alguna otra escuela para cuadros internacionales del comunismo, y habían regresado como maestros de su propio pueblo”.

Luego fundaron sus propias escuelas, reclutando a menudo a los mejores profesores de las universidades chinas, como Xu Teli. A todos los miembros del Ejército Rojo se les ofrecía educación: alfabetización básica, entrenamiento militar, pero también teoría política relevante para su vida cotidiana. Publicaban periódicos y distribuían volantes, y capacitaban a sus miembros para reclutar a otros. También formaron grupos de teatro como medio tanto de educación como de entretenimiento, representando su mensaje de apoyo a las clases campesinas y obreras. Aprendían música folclórica de los campesinos mientras viajaban y utilizaban el canto ampliamente. Escribían sus propias obras de teatro y canciones. Contaban con “periódicos vivientes” que representaban las últimas noticias mundiales. Cuando Snow visitó el lugar, ya se habían formado alrededor de 60 grupos de teatro.

Un siglo después

Vivimos en un mundo muy diferente al que Snow encontró en 1936. China luchaba por modernizarse y poner fin al control feudal; ahora está construyendo algunas de las ciudades más tecnológicamente avanzadas del mundo. Aquí en Estados Unidos, no contamos con una población campesina que organizar y el Estado estadounidense, con el apoyo de cuadros como los del Consejo de Relaciones Exteriores, tiene una amplia experiencia en reprimir los movimientos socialistas en una población cada vez más dividida y en conflicto. En Estados Unidos, no tenemos un enemigo externo contra el que luchar, ni ningún camino para establecer sóviets rurales.

Es difícil predecir, en 2026, qué vendrá después y qué podría ser posible en el futuro. Pero está claro que las cosas están cambiando rápidamente. Creo que por eso puede ser útil extraer las lecciones que podamos de las luchas pasadas, para ver qué podría ser útil hoy.

Aún necesitamos encontrar un mensaje unificador para nuestro tiempo y lugar, uno que respete las diferentes luchas, circunstancias y exigencias, al tiempo que nos una contra el enemigo común que es el Estado capitalista. También debemos encontrar formas de satisfacer las necesidades materiales de la gente en nuestra organización, tanto a gran como a pequeña escala. Y debemos reflexionar sobre cómo elegir estratégicamente nuestras batallas políticas, retirarnos cuando sea necesario y llegar a acuerdos cuando sea preciso.

Lo más importante es que debemos construir vías educativas y formar cuadros para esta lucha. Aquí, en la Universidad de los Pobres, nos preguntamos cuál es la mejor manera de hacerlo.

[1] Cabe señalar que el lenguaje y la ortografía de Snow son anticuados, ya que escribía antes de que se estandarizara la traducción del chino al inglés. He actualizado, siempre que he podido, la ortografía en inglés de los nombres de lugares y personajes históricos chinos para que correspondan con los actuales, con el fin de facilitar sus búsquedas en internet.

Referencias

Martinez, Carlos (2023). The East is Still Red: Chinese Socialism in the 21st Century. London: Praxis Press. 

Snow, Edgar (1968). Red Star Over China. New York: Grove Press.

Previous Story

Introducción al número: Nuevas condiciones, nuevas posibilidades para la clase trabajadora empobrecida y desposeída

Next Story

Por qué nuestro movimiento requiere de una estrategia religiosa

withemes on instagram

css.php